La cigarra y la hormiga, el blog de Enrique D. Zattara

A LAS NENAS LINDAS LES GUSTAN LOS CHICOS MALOS

 

Hace unos días, mientras hacía tiempo no recuerdo para  qué cosa, escuchaba de fondo una radio londinense de esas que pasan todo el día música de la que llaman “latina”. Digo “de la que llaman”, porque estas emisoras parecen ignorar – quizás deliberadamente – el riquísimo repertorio que desde el folklore hasta hoy produjeron los grandes autores de nuestros países originarios, para difundir y promover sistemáticamente este pobrísimo engendro que es el reggaetón, o deplorables remedos de la salsa o el merengue, producidos casi todos ellos, desde luego, en Miami. .

Anyway, como uno ya se acostumbra a decir por estas tierras. A lo que iba era a otro asunto. Como quien no quiere la cosa, escuchaba una canción (recuerdo el nombre: se llamaba “Las nenas lindas”) que contaba el sufrimiento de un pobre muchacho que decía algo así como que “a las nenas lindas les gustan los chicos malos”, y como le gustaba una de ellas, se lamentaba de no poder lograr ser tan malo para poder ligarla. Mientras el cantante desgranaba su lamento por no poder ser suficientemente malo para seducir a la chica bonita, los típicos coritos introducían estribillos del tipo “les gustan los que les pegan, los que las mandan, etc,   etc”. Todo, naturalmente, con mucho ritmo machacón y mueve la colita.

 

Debo reconocer que después de 25 años en Europa me había terminado haciendo a la idea de que un contenido de ese tipo, de tal zafiedad y machismo lindero (no, lindero no, digámoslo con todas las letras: delictivo), ya no tendría jamás lugar en un medio de comunicación que se supone masivo. Y efectivamente, estoy convencido de que en una radio inglesa o española a nadie se le ocurriría hacerlo, bajo la segura amenaza de ser repudiado por miles de escuchas, si no denunciado penalmente por apología de la violencia de género. Y no es que todo sea pulcritud y respeto en las sociedades europeas: no hace mucho, un estudio reveló que en España, por ejemplo, crece entre los adolescentes la convicción de que el control e incluso la agresión del varón sobre su chica es síntoma de mucho amor. Y la criminalidad de género, en lugar de descender, aumenta.  Pero al menos, esa perversa convicción no estaría alentada desde los medios de comunicación.

 

Con toda probabilidad, la canción de aquellas “niñas lindas” y aquellos “chicos malos” seductores, así como se emite en los horarios musicales más escuchados entre los latinos de Londres, se bailará y oirá en discotecas y fiestas de aquellos, nuestros países de origen. De poco ha de servir entonces que los gobiernos gasten dinero en campañas publicitarias contra la violencia machista – si es que las hacen -  si el consumo diario en el mundo del espectáculo (de la música, que es el espectáculo popular por excelencia) apoya y legitima constantemente estas prácticas. Pero claro, los latinos somos tan alegres y desenfadados, al lado de estos europeos tan sosos, que un par de tortas tampoco es para tanto. Después de todo, ya nos enseñan desde chicos  que “quien te quiere te aporrea”.

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